Separación de pareja, más no de hijos.

Desde décadas atrás, divorcio es sinónimo de fracaso, de falla o de decepción. Se ha tomado desde una perspectiva muy pesimista, pues «lo ideal» es llegar con alguien hasta la muerte, juntos y apoyándose en cada reto de la vida.

Se ha perdido paulatinamente, pero no del todo, el estigma y tabú sobre las separaciones, ya vemos de forma más común y abierta la forma en la que se toca el tema. Sin embargo sigue siendo todo un conflicto el cómo abordarlo con los hijos. 

Los menores llegan a recibir desde mentiras, verdades a medias y hasta manipulaciones, generando confusión y estrés innecesario, muchas veces subestimando su inteligencia así como su capacidad de adaptación a las nuevas situaciones familiares.

También hay casos en los que toman un rol que no les compete, siendo escudos o armas para ganar una guerra en la cuál, paradójicamente, los hijos siempre pierden. Hasta llegan a suplantar un rol más paterno, esto porque los llegan a ver cómo un refugio y les damos tanta responsabilidad en sus hombros que simplemente los sobrepasa.

Si gestionar un proceso de separación para los padres es difícil y confuso, los hijos en comparativa carecen de herramientas y capacidades para enfrentar algo de dicha magnitud.

La clave en estos casos es entender que una cosa es una relación de pareja y otra muy distinta es relación padres e hijos, podemos dejar de ser esposos/novios pero padres lo seguiremos siendo lo que resto de nuestra vida.

El contaminar a los menores con nuestros miedos, enojos, rencores y desesperaciones sale contraproducente, pues es garantía de tener hijos heridos o descuidados. Para evitar hacer más grande la situación, lo primero es aclarar que habrán cambios que son para el bienestar de todos, que ellos no tienen culpa o responsabilidad alguna sobre la separación y que seguirán viendo a ambos padres pero ahora en una dinámica distinta, aclarar que las cosas no pueden volver a ser como antes.

Es importante trabajar la comunicación como padres separados, si bien no como mejores amigos pero sí como adultos civilizados y que no involucran a los menores en decisiones o posturas.

Los hijos son reflejo y consecuencia de los padres, ¿qué se les está dando? ¿estabilidad o caos?

Si llevamos la situación con naturalidad y tranquilidad, los hijos lo tomarán con paz, está situación en ocasiones puede llegar a sobrepasar como padres por lo que es recomendable e importante buscar ayuda profesional que nos guíe.

 

Mtro. César Luna

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